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Mensaje del Cardenal Jorge Bergoglio a los jóvenes (con motivo del encuentro Arquidiosesano 2003 de la pastoral de jóvenes).

 

Queridos jóvenes:

 

Yo hubiera querido estar hoy entre ustedes pero estoy lejos. Sin embargo, quiero hacerme presente de alguna manera. Primero, con la oración y los buenos deseos para cada uno de ustedes. Hoy mi corazón está con ustedes. Y también con alguna reflexión.

 

Ustedes son jóvenes, están llenos de vida, tienen ilusión y eso es mucho. Porque parece que en estos tiempos muchas cosas tienden a desgarrarnos, a quitarnos la ilusión. Hace ya unos meses –esto lo mencioné en otro encuentro- salió en un diario de acá, de la capital, la preocupación por el poco lugar que había en las cárceles. Y había un proyecto que proponía convertir los containers en celdas.

 

A mí me horrorizó.

 

Hacer cárceles en base a containers... Me imaginé tantos hombres y mujeres encerrados allí, sin horizonte. Y me pregunto: ¿cuántas veces nosotros estamos como en un container, sin horizonte? O con horizontes dibujados pero no verdaderos horizontes.

 

Les quiero pedir a ustedes un esfuerzo enorme por salir de esos containers que nos aprisionan el horizonte. Un esfuerzo por abrir horizontes, por buscar horizontes, los horizontes de la vida, los horizontes a los cuales estamos llamados a mirar. Tener anhelo de ese horizonte que Dios puso en el corazón de cada uno de nosotros.

 

No podemos estar estáticos o vivir con los horizontes que nos dibuja una sociedad de consumo, una sociedad hedonista, una sociedad que necesita hacer la guerra, ir contra la paz, que necesita dividir entre ricos y pobres, que necesita presentarnos una cultura de la marginación.

 

Tenemos que proponer el horizonte que Dios nos puso en el corazón y ustedes son capaces de hacerlo. Salir de nosotros mismos y proponer ese horizonte. Y no conformarnos con nuestro grupo, con los que estamos, sino salir. Entrar en todos los jóvenes, en las preocupaciones de todos los jóvenes, en los dolores de todos los jóvenes.

 

Somos minoría. Y sí. La levadura también es minoría y, sin embargo, fermenta en una masa. La sal también es minoría pero le da sabor y conserva la masa.

 

Salir a integrarnos con los demás. Hablarles de los nuestro, escuchar lo de ellos. Proponer horizontes verdaderos, no horizontes que –en definitiva- están dibujados en un container. Y salir significa eso: compartir. No quedarme con mi grupito. Salir significa misionar, “ser enviado a”. Salir significa ese mezclarse con todos, ser uno más porque todos caminamos en el camino de la vida y no hay privilegios de quienes tienen asegurada ya la felicidad y la salvación.

 

Yo les propongo eso: salir. Cuántas veces les hablé de que quería una iglesia diocesana en la calle. Que salga de sí misma. También quiero jóvenes en la calle. Jóvenes mezclados, jóvenes insertos en la vida cotidiana de los otros jóvenes, jóvenes que hablan de Jesucristo, de ese Jesucristo que viven y que lo saben transmitir a los demás.

 

Y cuando hablo de jóvenes insertos lesa hablo también de un punto especial: nuestra vocación cristiana entraña necesariamente una vocación ciudadana. La civilidad. Ser

Cristiano es también ser buen ciudadano y en estos momentos de crisis parecería que estamos hablando en sánscrito.

 

Ser buen ciudadano. ¿Qué significa eso? ¿Qué significa la memoria de nuestro pueblo, de las gestas de nuestro pueblo?

 

Se han desmitificado –por decir así- a los próceres. Ser cristiano significa también mirar hacia atrás y ver una historia de pueblo. Tener memoria de pueblo. Tener memoria de patria. Construir una patria a través de esa memoria por las líneas que nos han marcado nuestros mayores.

 

Ustedes están reunidos. Ustedes buscan a Dios, tienen ganas de buscar a Dios y buscarlo por el camino que Él les indica en el corazón. Les quiero decir una cosa: no sólo busquen a Dios, déjense buscar por Dios. Déjense encontrar por Dios y déjense enviar por Dios.

 

En esta Cuaresma que acabamos de empezar, creo que este camino es un camino misionero y un camino de personas bien plantadas, de hombres y mujeres que quieren ser verdaderos hombres y mujeres. Camino de anuncio de salvación, camino de búsqueda, de escucha, camino de salir de sí mismo, de quebrantar nuestro corazón para encontrarnos con el hermano y anunciarle no sólo a Jesucristo sino todos los valores que Dios puso en nuestro corazón. Camino con el hermano y juntos de la mano construir una civilidad en base a la que nos marcaron nuestros mayores, nuestros próceres, nuestros padres de la patria.

 

Ustedes ahora se van a reunir. Van a dialogar sobre tantas cosas... pero no se olviden: téngale pánico a los horizontes dibujados, busquen el verdadero horizonte cuyo anhelo, cuya ansia puso Dios en nuestro corazón.

 

Y ese horizonte se llama Jesucristo.

Que el mismo Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.

Muchas gracias.

 


 

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